maestros

maestros

martes, 28 de abril de 2015



Por Ana María Schindler
Psicóloga y Canalizadora
anaschindler1@gmail.com

Hacer lo que nos gusta

¿Hacer lo que nos gusta?
Parece algo inalcanzable y sólo para algunos priviligeados.  Nuestros condicionamientos, estructuras y aprendizajes adquiridos desde temprano, nos han trazado  un camino muy claro: estudiar y competir desde el inicio de nuestras vidas. Desde niños pequeños para obtener  un cupo en un colegio hasta pre-universitarios que necesitan generar un gran rendimiento para entrar a una universidad y luego el esfuerzo y el trabajo duro para mantener un trabajo y lograr el tan anhelado éxito, y quizás recién después de todo eso,  podemos lograr algo de felicidad o hacer lo que nos gusta.
Lo que podemos apreciar hoy en día es que la frustración e  insatisfacción crónica con nuestras formas de vida,  han ido ganando cada vez más espacio, las consultas por trastornos del ánimo  y trastornos de ansiedad se disputan el ranking del primer lugar de atención en  salud mental.
En el esfuerzo inagotable por mantener un trabajo, donde las  jornadas laborales son cada vez más largas, en la mayoría de las empresas,  es de mala educación irse a la hora, y la gran mayoría ha ido retrasando su horario de salida llegando cada vez más tarde a sus casas, situación que va inevitablemente mermando la calidad de vida, la vida familiar y por supuesto la vida personal.
Claramente hoy podemos comprar más “cosas”, autos cada vez más sofisticados en una ciudad atochada de vehículos, vacaciones “soñadas” en playas paradisíacas, donde poco y nada podemos conocer de la cultura y de la gente de esos países, y claramente podemos comprar “belleza”, para mantener un cuerpo artificialmente joven y atractivo.
Sin embargo, no hay duda alguna que la felicidad no la encontramos como un bien de mercado, o envuelta en un paquete atractivo ofreciéndose por algunas monedas.
En algún momento de la vida, todos llegamos a un cuestionamiento común: ¿a qué vinimos a esta vida? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia? ¿Cómo podemos ser felices? ¿Cómo salimos del sufrimiento? ¿Cómo encontrar a la pareja perfecta? ¿Cómo ayudar a nuestros hijos? , en fin, la lista es larga e interminable.
Un primer paso es voltear la cámara hacia dentro y bucear dentro de las profundidades de uno mismo, conocerse y desarrollarse internamente, darse cuenta de las trampas psicológicas que hemos adquirido y aprender a conectarnos con lo que queremos, con lo que nos gusta, con lo que vibramos, con lo que nos abre y expande, con lo que nos entrega felicidad y armonía, desarrollando nuestro ser y espiritualidad.
Un segundo paso es atreverse a dar el salto, decidirse y tomar la responsabilidad de nuestra vida. ¿Cómo puede ser que vivamos y trabajemos en lo que nos gusta? Si confiamos en que antes de encarnar en este plano, hubo decisiones que se tomaron, entendiendo que venimos a hacer lo que nos entrega sentido. Entonces, nuestra “misión” comienza a manifestarse.
Un tercer paso es descubrir qué tipo de ayudas tenemos desde otras dimensiones de la realidad.  Maestros espirituales, seres de luz, ángeles, familiares fallecidos, nos pueden asistir, ayudar, guiar y hacer que nosotros lleguemos a realizar nuestras tareas y a cumplir nuestros propósitos, entonces podemos desarrollar meditaciones con ellos para generar un contacto más íntimo. También podemos pedirles que se nos revelen a través de los sueños  o simplemente que nos ayuden a significar el día a día con la sincronía y con la sabiduría de que somos parte de un “Todo Mayor”, donde constantemente podemos recibir señales y revelaciones, siempre y cuando estemos abiertos a que eso suceda.
Finalmente el proceso consiste en que nos vamos tornando más amorosos con nosotros mismos, con nuestro prójimo, con nuestro entorno y con todo lo que nos rodea, conduciéndonos hacia una “aceptación” de nuestras elecciones.
En mi experiencia como psicoterapeuta y canalizadora, todos estamos en este plano material para aprender, para evolucionar, para internalizar experiencias y “ascender” en nuestro crecimiento espiritual. Depende entonces de nuestras decisiones, si de paso, nos iluminamos en algo, tomamos más consciencia, nos expandimos, nos hacemos más amorosos, el aprendizaje entonces es más claro, más dulce, más feliz y poderoso.