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domingo, 3 de mayo de 2015

Presencia y Escencia

Presencia y Esencia

A. H. Almaas

En general, la gente raramente tiene, y nunca reconoce como tal, la experiencia de la esencia. Así, empezaremos por considerar una clase de experiencia relacionada con ella, de la cual se siente y se habla más comúnmente: la cualidad de presencia. La expresión «estoy presente» se usa a menudo en círculos espirituales y psicológicos, asumiéndose que el significado es comprendido. Nos preguntamos: ¿Qué significa esta expresión? ¿Qué significa, en realidad, estar presente? La mayoría del tiempo la expresión no es usada de una manera muy definida o clara; si se le pregunta, la mayoría de la gente es incapaz de explicar lo que significa «estar presente».

Pero debe haber una condición real que garantice el uso de la expresión «estoy presente». Ella significa literalmente que hay un «Yo» que está presente en el tiempo. ¿Es exacto este significado literal?

Obviamente cuando decimos «estoy presente» no significamos exactamente que estamos conscientes, de otra manera lo diríamos así. Hay una diferencia entre el significado de «estoy presente» y el significado de «estoy consciente», aunque los dos puedan coincidir frecuentemente ¿Qué hace que digamos «presente» en lugar de «consciente»? ¿Qué hay en la experiencia de «estoy presente» que sea diferente de la experiencia de «estoy consciente?

Queremos averiguar el significado de presencia contemplando y analizando la efectiva experiencia de presencia. Examinemos una situación familiar, la experiencia estética. Mis ojos captan la visión de una hermosa rosa roja. De repente mi vista está más clara, mi olfato más penetrante. Me parece estar en mi vista, me parece estar en mi olfato. Hay más de mí aquí, viendo, oliendo y apreciando la rosa.

Este fenómeno no es simplemente uno de consciencia acrecentada, sino cuanto más de la rosa es experienciado a través de mis ojos y fosas nasales, así tanto más de la rosa es experienciado a través de mi sistema perceptual.

En la experiencia de presencia aumentada, es como si yo encontrara mis percepciones a medio camino. Es como si algo de mí, algo más o menos palpable, está presente en mis ojos y en mi nariz. Algo en mí, además de mis canales perceptuales, está participando en la experiencia de la rosa y esto es algo que no es memoria, ni asociaciones pasadas con respecto a las rosas.

En un sentido, mi mayor consciencia realmente aumenta la presencia de la rosa, o de cualquier otro objeto estético, tal como un trozo de música o una pintura. Algunas veces una mayor consciencia aumenta solamente cierta cualidad de un objeto: la belleza de la rosa, su color, su olor o su frescura. Pero algunas veces la rosa como rosa, como una presencia en sí misma, es sentida. Si esa experiencia es suficientemente profunda, nuestra propia presencia es intensificada. «Me parece estar más aquí», sería la expresión adecuada. Pero, ¿qué es esta presencia? ¿Hay realmente un «yo» que esté más presente o qué es, exactamente? Puede ser la experiencia del asombro cuando se es confrontado con la inmensidad del océano o la grandeza de una cadena de montañas. Puede ser la experiencia de admiración cuando uno es testigo del heroísmo en un individuo o en un grupo, o del coraje o intrepidez de un explorador.

Estamos considerando los momentos, aunque raros, cuando sentimos como si hubiera algo más de nosotros participando de la experiencia. Queremos entender lo que significa «más de nosotros» ¿Más de qué? ¿Cuál es el elemento que da a nuestra experiencia este sabor de presencia?

Estamos también conscientes que algunos individuos tienen mayor presencia que otros. Decimos «El tiene más presencia», o «El tiene una presencia imponente». Pero, ¿podemos decir a qué nos estamos refiriendo realmente? No nos estamos refiriendo a la cualidad de la presencia de la mente, la cual es una mayor consciencia. La «presencia» en sí misma es más que eso.

La presencia puede también ser sentida en momentos de intensa y profunda emoción cuando una persona está plenamente sintiendo un estado emocional, no controlándolo o inhibiéndolo, cuando está involucrado sinceramente en el sentimiento, totalmente inmerso en él de una manera libre y espontánea sin juicio o vacilación. Esto generalmente sucede cuando la persona se siente totalmente justificada en sentir las emociones.

Por ejemplo, un individuo podría tener la experiencia de una pérdida, como la muerte de un ser querido, y así sentirse justificado de sentir la pena y la tristeza. Podría involucrarse tanto en la tristeza, estar tan inmerso en ella, que los sentimientos se profundizarán como si estuvieran a millas de profundidad, llegando a honduras y profundidades cada vez mayores. Este estado podría llegar a ser tan excesivo y denso a medida que se llega a estar más inmerso en él, tan hondo y tan profundo como para sentirse penetrado por una especie de presencia. Es como si la profundidad y la hondura fueran una presencia real, palpable y completamente clara allí.

Otro ejemplo: una persona puede sentirse justificada de tener ira e indignación por ser insultada o tratada injustamente. El enojo puede llegar a ser tan fuerte que si se deja llevar sin reservas por este sentimiento, la persona experimentará en su ira una especie de fuerza que la potencia. Esta fuerza o poder es tan claramente manifiesto que asume una presencia palpable. Es como si el poder creciente de la irrestricta emoción evocara más de la persona. El se siente tan presente en la emoción, tan en su centro, que una presencia substancial claramente sentida parece impregnar la emoción y llenar el cuerpo. Su cuerpo se siente lleno de poder, tan densamente que el poder llega a ser una presencia. Esta presencia parece ser la fuente de la emoción y del poder, ambos en ella y detrás o bajo ella. En tales momentos, la persona experimenta un intenso contacto con el cuerpo, junto con una asombrosa capacidad de usarlo y dirigirlo. Es como si en ese momento el individuo realmente existiera en sus brazos, por ejemplo, y por ello poder usados con una inusual capacidad de control, eficacia e inmediatez.

Bien, ¿qué es esta presencia que existe en los brazos, en el cuerpo, que parece traer consigo poder, energía, contacto y consciencia? Vemos que la presencia es más una realidad que una idea o metáfora. Estamos teniendo la sensación de que la presencia es mucho más profunda, más real que sentimiento o emoción. Nos estamos acercando, aunque todavía vagamente, a una apreciación de lo que es la presencia.

La presencia que uno experimenta no tiene que ser la propia y no tiene que ser individual. Uno puede experimentar la presencia de otro. Todo un grupo puede estar consciente de una presencia. Incluso uno que no esté particularmente sintonizado con la cualidad de la presencia no puede sino contactarla en algunas circunstancias únicas e inusuales. Una de tales situaciones es que una madre dé a luz una creatura.

Algunas veces, cuando la madre no está bajo medicamentos, cuando ella está participando plenamente en el nacimiento, su presencia puede manifestarse. La madre puede sentir una plenitud, una fuerza, una determinación sólida, una inconfundible sensación de que ella está presente en la experiencia, enteramente involucrada en ella.

La situación de dar a luz es real; no es social, y no puede ser fingida. Para que una mujer lo pueda hacer en plena consciencia, sin la ayuda de medicamentos anestésicos, ella tiene que emplear a fondo todos sus recursos, aunar toda su fuerza muscular y su determinación, y estar genuinamente presente.

Esta total presencia de la mujer también puede ser percibida por otros. Uno puede verla como la presencia de intensidad, de intenso sentimiento o sensación, o intensa energía y atención. Uno también puede estar consciente de que la mujer está presente en una forma inusual para ella. Parece tener una plenitud, parece tener un fulgor, una radiación. La presencia es inconfundible, hermosa y poderosa.

Si uno es sensitivo y consciente, puede darse cuenta que la experiencia de presencia en esta situación no reside sólo en la madre. Si todos los presentes están participando plenamente -y esto a menudo sucede en tales ocasiones por su dramática intensidad- entonces la presencia invade la habitación, llenándola e impregnándola. Hay una intensidad en la habitación, una vitalidad palpable, la sensación de una presencia viviente.

La experiencia de presencia se siente más claramente cuando la creatura ha nacido, cuando ha entrado al mundo. Uno puede entonces experimentar un cambio, una expansión en la energía de la habitación. Uno siente que ella tiene definitivamente una nueva presencia, una presencia fresca. Se experimenta a la creatura no solamente como un cuerpo, sino como algo mucho más vivo y mucho más profundo. Uno puede, si está sensitivamente atento, contemplar al recién llegado como una presencia clara y definida. La creatura es un ser. Un ser está presente, sin nombre, sin historia, Y allí, está bendiciendo.

Uno puede, en efecto, observar que diferentes recién nacidos tienen diferentes cualidades de presencia. La cualidad de la presencia no es un asunto de tamaño, de apariencia o de qué sexo tienen. Cada uno parece tener su propia y única cualidad de presencia, la cual es completamente obvia al nacer, y que continúa siendo el modo de ser de esa particular creatura. Uno puede captar la emergente presencia como una dulzura, una suavidad, una ternura. 0 la presencia es sentida como una paz, un silencio, una quietud. Sin embargo, otro nos confronta con una presencia de claridad, luminosidad y alegría. Otro puede llenar la habitación con fuerza, solidez y firmeza.

Esta experiencia de una situación que es llenada con cierta presencia también puede sentirse en la pureza y soledad de la naturaleza. En momentos de quietud y soledad, una persona llega a estar consciente de que el ambiente natural en sí mismo tiene una presencia que afecta profundamente su mente y corazón. No es raro, cuando uno no está ocupado con las preocupaciones del mundo, cuando la mente está vacía y tranquila, que la naturaleza se presente no sólo como los objetos que la constituyen, sino como una presencia viviente.

Una cadena de montañas altas y rocosas puede entonces sentirse como una inmensidad, una solidez, una inmovilidad, que está viva, que está ahí. Esta inmensidad e inmovilidad parecen algunas veces confrontarnos, afectarnos, no como un objeto inanimado sino como una presencia clara y pura, Parece contactarnos, tocarnos. Y si somos abiertos y sensitivos podemos participar en esta inmensidad. Podemos sentirnos uno con la inmensidad, la inmovilidad, la vastedad.

Tal como las montañas tienen su presencia particular, así la tienen los bosques, océanos, ríos y praderas, Uno puede sentir la presencia de un árbol, como Krishnamurti relata en una de sus contemplaciones solitarias:

«Había una intensidad alrededor del árbol, no la terrible intensidad de alargarse, de tener éxito, sino la intensidad de estar completo, simple, solo y sin embargo parte de la tierra. Los colores de las hojas, de las pocas flores, del tronco oscuro, estaban intensificadas miles de veces ».

Podemos extender nuestra investigación considerando la presencia en una situación de peligro. Una persona frente a un extraordinario peligro, cuando su habilidad de funcionar podría esperarse que estuviera reducida, se salvará por un sorprendente poder o capacidad que surge desde dentro. Su percepción lleganá a ser repentinamente aguda, su mente lúcida, su cuerpo ágil y de respuesta rápida. El experimentará un nivel de coraje e inteligencia con los cuales no cuenta normalmente, una extraordinaria fuerza y voluntad, un dominio inusual sobre su mente, emociones y movimientos.

En tales ocasiones podrían realizarse grandes proezas en respuesta a necesidades vitales. Una persona podría sentir nebulosa o lúcidamente que un poder ha despertado en ella. Es como si todo el ser se hubiera reunido en una intensidad integrada, que hace posible la emergencia de una fuerza tranquila, una presencia conmovedora que, deliberadamente y con conocimiento, actúa de acuerdo a las necesidades del momento. La excitación se ha ido, las emociones están ausentes, la mente está en silencio. Lo que queda es exactamente lo que se necesita para afrontar la emergencia.

En aquellas raras crisis de vida y muerte, cuando nuestras ordinarias capacidades de percepción y acción nos fallan, puede emerger en nosotros un poder hasta ahora desconocido: una presencia tranquila y serena que puede hacerse cargo y actuar sin ser estorbada por nuestros pensamientos y estados emocionales. Esta condición no es simplemente experimentada como la ausencia de pensamientos molestos y conflictos emocionales. Hay más bien una presencia positiva de poder, de una inteligencia superior que no es fisica, emocional o mental.

Este aumento potencial de presencia en situaciones peligrosas es utilizado por algunas personas, tipos aventureros o atléticos, para buscar o planear situaciones peligrosas, que haga necesario para ellos el estar intensamente presentes. No estamos hablando de la persona que busca una excitación emocional, involucrándose en situaciones peligrosas. Este potencial de situaciones de extraordinaria coacción es reconocida y utilizada por algunos sistemas de desarrollo personal. El discípulo es estimulado a permanecer despierto y presente en situaciones de extrema dificultad emocional o fatiga física. En tales momentos la mente común de cada día no puede funcionar. El individuo tenderá a descargarse emocionalmente o irse a dormir, si la fatiga es el resultado de prolongada falta de sueño. Pero si se mantiene despierto, y voluntariamente intentando estar presente en esta situación, podría emerger de él una inteligencia o una fuerza que cambiaría todo su estado.

En el Budismo Zen esto se logra dando al discípulo un koan, una frase o pregunta enigmática que no puede ser entendida por la mente discursiva. La persona la examina en todas las formas posibles para ella, hasta que llega a un agotamiento mental y emocional. Si está listo, y la situación está madura, un momentáneo silencio y quietud en él le traerá un destello de satori, una realización sin emoción y sin palabras. Los seguidores inexpertos generalmente asumen que la realización debe ser una especie de percepción interna. Sin embargo, las realizaciones más profundas en el Zen son chispazos de plenitud de ser, de ser tal cual se es, de la presencia de realidad. La realización profunda es la experiencia de la presencia.

G. I, Gurdjieff, el maestro ruso, usaba el método de someter a los estudiantes a extremo rigor. Frecuentemente ponía a sus discípulos en situaciones tan difíciles que la mayoría de ellos creía que no era posible tolerar. Los estudiantes debían caminar largas distancias varios días, más allá de su capacidad ordinaria de soportar, o debían realizar por días tareas domésticas sin dormir.

Algunos pensaban que el propósito de estos esfuerzos era lograr cierta clase de fuerza y resistencia, lo que es parcialmente verdadero. El real significado de aquellas situaciones emerge cuando comprendemos que se suponía que al mismo tiempo los estudiantes practicaran el «recuerdo de sí». El recuerdo de sí es definido aquí como poner atención a la vez al ambiente interno y externo. Algunos de sus estudiantes afirman que el recuerdo de sí también significa mantenerse consciente de que uno está poniendo atención.

En efecto, esta práctica es solamente un ejercicio que conducirá a su tiempo a un real recuerdo de sí, que no puede ser explicado a una persona que nunca lo ha experimentado. Si Gurdjieff hubiera significado por recuerdo de sí dividir la atención en dos -una parte dirigida hacia el interior y otra parte hacia el exterior- habría dicho: ponga atención hacia adentro y hacia afuera. ¿Para qué usar la palabra «sí» y la palabra «recuerdo»?

Uno podría argumentar que «recuerdo de sí» significa lo que uno experiencia internamente, más nuestra consciencia o atención, Esto incluiría nuestras emociones, sensaciones y pensamientos, más nuestra consciencia de ellos, pero esta perspectiva es limitada. Se debe a no saber que nuestra experiencia interna incluye realmente otras categorías de experiencia.

Vemos la práctica de Gurdjieff de recuerdo de sí como el primer paso, el esfuerzo inicial y necesario para que suceda un verdadero recuerdo de sí. Sin embargo, si nos limitamos a este entendimiento, no podríamos nunca reconocer la experiencia de un verdadero recuerdo de sí, porque nuestras preconcepciones funcionarán como barreras a nuestra experiencia.

Gurdjieff insistía que los esfuerzos usuales son inútiles para el desarrollo personal. El hablaba de superesfuerzos, esfuerzos que trascendían los límites acostumbrados de la personalidad y que no están dirigidos a satisfacer las pequeñas necesidades habituales, «El hombre debe entender -decía- que los esfuerzos ordinarios no cuentan, solamente los superesfuerzos cuentan». Y así es siempre en todo. «Aquellos que no quieren hacer superesfuerzos harían mejor en renunciar a todo y cuidar de su salud».

Superesfuerzo «significa un esfuerzo más allá del esfuerzo que es necesario para obtener un propósito dado», decía Gurdjieff.

Imagine que he estado caminando todo el día y estoy muy cansado, El tiempo está malo, está lloviendo y hace frío. En la tarde llego a casa. He caminado tal vez veinticinco millas. En la casa hay cena: está caliente y agradable. Pero, en vez de sentarme a comer, salgo a la lluvia otra vez y decido caminar otras dos millas a lo largo del camino y luego volver a casa. Esto sería un superesfuerzo. Mientras iba a casa era simplemente un esfuerzo y éste no cuenta. Iba en mi camino a casa; el frío, el hambre, la lluvia, todo esto me hacía caminar. En el otro caso, yo camino porque yo mismo decido hacerlo. Esta clase de superesfuerzo llega a ser aún más difícil cuando yo no lo decido, sino que obedezco a un maestro, el que en un momento inesperado requiere de mí un nuevo esfuerzo cuando yo había decidido que los esfuerzos por el día estaban terminados.

Por supuesto que tales superesfuerzos desarrollarán fuerza y voluntad; pero Gurdjieff está más interesado en el recuerdo de sí que en el fortalecer la capacidad de resistencia de una persona. Ciertamente, parte del propósito yace en desarrollar esta capacidad, pero no es el propósito principal. Un individuo necesita solamente alistarse en el ejército para aprender resistencia; no necesita trabajar con Gurdjieff.

El método de Gurdjieff es para causar una fricción entre la consciencia del individuo y sus manifestaciones habituales, así en el tiempo y las circunstancias correctas emergerá de él un sabor del recuerdo de sí. Al escribir acerca de considerar cómo lograr ciertas tareas que él se puso a sí mismo, él describe cómo la totalidad de sus reflexiones lo conduce a la convicción de que podía realizar todas sus tareas como resultado de las fuerzas que emergerían de la fricción de su consciencia con las manifestaciones automáticas. El describe cómo al final de esta percepción «todo mi ser estaba lleno por un singular sentimiento de alegría, nunca hasta ahora experimentado... Simultáneamente con esto, dentro y por sí sólo, sin ninguna manipulación de mi parte, apareció por decirlo así el «recuerdo de sí», también con un vigor nunca experimentado antes.»

Es obvio que aquí Gurdjieff se refiere al recuerdo de sí como una sensación y no como una actividad o un discernimiento. Pero nos preguntamos, ¿sensación de qué? El dice que es la sensación de recordarse a sí mismo. Pero nosotros estamos tratando de entender lo que recordarse a sí mismo significa. Hasta aquí solamente entendemos que el recuerdo de sí es una sensación de algo.

Entendemos aquí que esta sensación no es otra cosa que la sensación de presencia en uno mismo. Los métodos de Gurdjieff fueron diseñados para ayudar a la persona a estar tan presente en aquellas situaciones de esfuerzo que la presencia llegue a ser una experiencia palpable y definida. Cualquiera que tenga una impresión de Gurdjieff a través de experiencia personal o a través de sus escritos y obra, sin duda tendrá una experiencia de Gurdjieff como presencia. Podemos llamarlo poder, podemos llamarlo voluntad, o podemos llamarlo fuerza. No obstante, la impresión es definitivamente la de una presencia impresionante y poderosa. Esta es una presencia que nos confronta. Es una presencia que está más allá de las palabras y de acciones específicas, una presencia que es Gurdjieff.

Y la presencia de Gurdjieff es Gurdjieff, Por eso es que él usa el término «recuerdo de sí». Es él quien está presente como una presencia verdadera y palpable, más allá de sus palabras, sus ideas, sus acciones. Así podemos decir que lo que significaba recuerdo de sí es justamente eso. Es el recuerdo de sí mismo. Gurdjieff empleaba la frase literal y simplemente. La gente que no lo entiende hace que esto suene totalmente complicado, pero cuando el recuerdo de sí ocurre, se ve literal y simple; lo que es real en la persona está presente, recordado después de ser olvidado. Gurdjieff tituló su último libro: «La vida es real solamente entonces, cuando yo soy». Hay realidad solamente cuando yo me recuerdo a mí mismo, cuando yo experimento que «yo soy». El también asegura en el mismo libro que una persona puede hacer -es decir, actuar consciente e intencionalmente, y sin condicionamiento- sólo si está presente, si existe conscientemente.

Aquí recordamos aquellas situaciones de extraordinaria dureza donde un individuo puede actuar no obstaculizado por los habituales estados de consciencia. Así, de acuerdo con Gurdjieff, estas situaciones involucran estados de recuerdo de sí. Lo que llamamos presencia se ve aquí como la presencia de lo que es real en una persona. «Estoy presente» significa «Lo que es real en mí está aquí». Es la experiencia consciente de existencia. Es la experiencia de «yo soy».

Aunque hemos hecho la conexión entre presencia, recuerdo de sí, y la experiencia de «yo soy», una persona podría objetar que es muy vago y nada ha sido probado hasta ahora. Esto es verdad. No estamos tratando de probar nada. Este no es un razonamiento lógico. Estamos solamente buscando una apreciación, un saborear un reino de experiencia que la mente no puede captar directamente. Este es un reino que no se puede alcanzar por la lógica y la argumentación. Puede sólo ser experimentado directamente, y por eso hay escuelas y sistemas dedicados sólo a originar y desarrollar esta experiencia.

Al discutir el uso del recuerdo de sí de Gurdjieff, hemos sido capaces de conectar la experiencia de presencia con la experiencia de existencia. «Estoy presente» es la experiencia consciente de «yo existo». Es la consciencia de una presencia viviente que existe, que es, no es simplemente la consciencia de los muchos pensamientos, sentimientos y emociones, por lo que el darse cuenta es el requerimiento preliminar del recuerdo de sí, y no el recuerdo de sí como tal.

Gurdjieff llamó a la verdadera parte de nosotros, la parte que puede tener la experiencia de «yo soy», nuestra esencia. El definió la esencia como la parte con la cual nacemos y que no es el producto de nuestra crianza o educación. Así en la experiencia de presencia lo que está presente es la esencia, nuestra verdadera naturaleza, la cual es independiente del condicionamiento.

Presencia y esencia son lo mismo. Hemos discutido la presencia para dar un sabor de lo que es la esencia. Como vemos, la esencia es la parte de nosotros que es la experiencia del «yo soy». La esencia es la experiencia directa de la existencia, Por supuesto la esencia puede experimentarse como otras cosas, tales como amor, verdad, paz, etc. Pero el sentido de existencia es su característica más básica. Es lo más claro, es el aspecto más definido que lo separa de otras categorías de experiencia. La esencia es, y eso es lo más básico de su experiencia.

Esta experiencia de «yo soy», de directa aprehensión de existencia, no es una experiencia mental o emocional y no puede ser comprendida desde las acostumbradas perspectivas de experiencia, La mente puede pensar acerca de la existencia, pero no puede alcanzarla. Nosotros hemos visto esto al discutir la presencia. La respuesta a la pregunta «¿Qué es la esencia?» es «Aquel dentro de nosotros que puede tener la experiencia de «yo soy». La esencia es la única parte dentro de nosotros que está directamente consciente de su propia existencia. Consciencia de su existencia es una intrincada cualidad de la esencia. Un autor tibetano dice: «Por lo tanto, (experiencialmente) un estrato fundamental de existencialidad (Sku), y una fundada y prístina cognitividad (ye-shes), habiendo existido como tales desde el principio, por lo que una no puede ser añadida o sustraída de la otra, están presentes como la misma naturaleza del sol (y su luz).»

Uno podría argumentar que toda la gente sabe que existe, aunque no pudieran conocer su esencia. Esto es a la vez verdadero y falso. Ellos saben que existen, pero no lo saben directamente. El acostumbrado conocimiento de la existencia es a través de la inferencia: no es un conocimiento directo. Este punto ha sido discutido extensivamente por los filósofos. El modo habitual del conocimiento de la existencia es sintetizado por Descartes, Cogito ergo sum (Pienso, luego existo). Podemos inferir la existencia solamente por variadas clases de experiencia. Generalmente pensamos que existimos porque podemos ver nuestros cuerpos, oír nuestras voces, sentir nuestras sensaciones, etc. Descartes fue más refinado al decir que nosotros sabemos que existimos, porque sabemos que pensamos.

Así hay siempre una inferencia de alguna percepción y la inferencia es algo de lo cual tenemos una idea muy vaga. Cuando una persona dice: «Yo pienso, luego existo», ¿qué quiere decir la persona por «yo»?, ¿tiene claridad de lo que significa?

Y porque hay inferencia, no hay tal certeza. Podría ser lógico, podría ser una certeza existencial real, profundamente sentida. La certeza no existe en la inferencia porque la certeza de la experiencia existencial necesita la experiencia directa, de hecho, la más directa percepción y experiencia. Y ésta es la de identidad, cuando somos lo que experimentamos, cuando la percepción es tan directa, cuando lo que percibes y lo que es percibido es la misma cosa. Esto es exactamente la experiencia de esencia.

Aquí no hay inferencia de algo más. Es la experiencia más directa. El que experimenta y la experiencia son la misma cosa. No hay separación entre sujeto y objeto. El sujeto y el objeto son lo mismo: la esencia.

No es solamente que no hay inferencia. No hay tampoco un medio que permita la percepción. Generalmente hay un medio intermediario que posibilita al sujeto experienciar un objeto, Cuando el ojo ve un objeto el medio intermediario es la luz, pero cuando la esencia es consciente de sí misma, no hay intermediario. El objeto, el sujeto y el medio de percepción son todo lo mismo. También el órgano de percepción es la esencia misma. Hay en la experiencia solamente esencia. La esencia es el sujeto. La esencia es el objeto. La esencia es el medio de percepción, la esencia es el órgano de percepción. La esencia es la experiencia. No hay separación alguna, no hay dualidad y no hay diferenciación.

La experiencia de la esencia como existencia, la experiencia de «yo soy» no es como si hubiera un sujeto que es el actor de la existencia. El «yo» y el «soy» no están separados, El «yo soy» es una experiencia unitaria. La naturaleza de la esencia, del verdadero sí mismo, es existencia. El «yo» mismo es existencia.

Así, es más preciso decir que la parte de mí que existe está presente. La esencia es la única parte de mí que realmente existe, en el sentido de experimentarse a sí misma como pura existencia, pura presencia.

Hemos investigado la cuestión de la presencia y hemos visto que la presencia es la presencia de nuestra esencia. Es la parte verdadera en nosotros, la parte no condicionada o producida por el ambiente. Es nuestra intrínseca naturaleza. Hemos visto que la esencia es la única parte que está consciente de su propia existencia directa e íntimamente, y con certeza.

Traducido y extractado por Sofía Roepke de:
"Essence"

Samuel Weiser Inc.

martes, 28 de abril de 2015

Queridos amig@s de Canalizaciones

Todos hemos sido testigos en los últimos meses de la intensidad con la que se están manifestando las catástrofes naturales. En nuestra latitud, el norte y el sur se han visto azotados por la brutalidad de estos fenómenos, donde muchos han perdido todos sus bienes e incluso sus vidas o la de sus seres queridos.
Llama la atención que aún a estas alturas no tengamos otoño, la prolongación del verano es un hecho que no podemos dejar de percibir.
No sólo hay miles de compatriotas afectados, sino también muchos de nuestros hermanos menores, los animales y lugares que ya nunca volverán a ser iguales.
Todos estos movimientos se han manifestado también en las estructuras de poder, en la política, en la iglesia, en la falta de credibilidad de los líderes que nos representan.
Estas barridas de lugares y personas obedecen a un desmoronamiento de las estructuras de poder, a una señal clara, de que todo lo que se ha construido desde la inconsciencia, desde el abuso, y desde el desamor tiene que transformarse.
Hay muchas fuerzas etéreas (maestros, ángeles, seres de luz)  que están apoyando nuestros procesos, nuestro crecimiento y evolución. Es por esa razón, que durante el 2015 y 2016, debemos también sacar nuestras verdades, dar nuestras opiniones, no permitir más abusos, hacernos más amorosos con nuestros seres queridos, y con todo lo que nos rodea, o sea hacernos más conscientes, más despiertos, más lúcidos y más conectados.
Les sugiero a cada uno de ustedes que en la meditación que realizan a diario con su respectivo maestro/a espiritual, visualicen y pidan también por la armonía en el planeta, por más  amor y generosidad entre nosotros, por la protección de nuestros hermanos y por una evolución de consciencia en todos los niveles.

Cariños para todos


Por Ana María Schindler
Psicóloga y Canalizadora
anaschindler1@gmail.com

Hacer lo que nos gusta

¿Hacer lo que nos gusta?
Parece algo inalcanzable y sólo para algunos priviligeados.  Nuestros condicionamientos, estructuras y aprendizajes adquiridos desde temprano, nos han trazado  un camino muy claro: estudiar y competir desde el inicio de nuestras vidas. Desde niños pequeños para obtener  un cupo en un colegio hasta pre-universitarios que necesitan generar un gran rendimiento para entrar a una universidad y luego el esfuerzo y el trabajo duro para mantener un trabajo y lograr el tan anhelado éxito, y quizás recién después de todo eso,  podemos lograr algo de felicidad o hacer lo que nos gusta.
Lo que podemos apreciar hoy en día es que la frustración e  insatisfacción crónica con nuestras formas de vida,  han ido ganando cada vez más espacio, las consultas por trastornos del ánimo  y trastornos de ansiedad se disputan el ranking del primer lugar de atención en  salud mental.
En el esfuerzo inagotable por mantener un trabajo, donde las  jornadas laborales son cada vez más largas, en la mayoría de las empresas,  es de mala educación irse a la hora, y la gran mayoría ha ido retrasando su horario de salida llegando cada vez más tarde a sus casas, situación que va inevitablemente mermando la calidad de vida, la vida familiar y por supuesto la vida personal.
Claramente hoy podemos comprar más “cosas”, autos cada vez más sofisticados en una ciudad atochada de vehículos, vacaciones “soñadas” en playas paradisíacas, donde poco y nada podemos conocer de la cultura y de la gente de esos países, y claramente podemos comprar “belleza”, para mantener un cuerpo artificialmente joven y atractivo.
Sin embargo, no hay duda alguna que la felicidad no la encontramos como un bien de mercado, o envuelta en un paquete atractivo ofreciéndose por algunas monedas.
En algún momento de la vida, todos llegamos a un cuestionamiento común: ¿a qué vinimos a esta vida? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia? ¿Cómo podemos ser felices? ¿Cómo salimos del sufrimiento? ¿Cómo encontrar a la pareja perfecta? ¿Cómo ayudar a nuestros hijos? , en fin, la lista es larga e interminable.
Un primer paso es voltear la cámara hacia dentro y bucear dentro de las profundidades de uno mismo, conocerse y desarrollarse internamente, darse cuenta de las trampas psicológicas que hemos adquirido y aprender a conectarnos con lo que queremos, con lo que nos gusta, con lo que vibramos, con lo que nos abre y expande, con lo que nos entrega felicidad y armonía, desarrollando nuestro ser y espiritualidad.
Un segundo paso es atreverse a dar el salto, decidirse y tomar la responsabilidad de nuestra vida. ¿Cómo puede ser que vivamos y trabajemos en lo que nos gusta? Si confiamos en que antes de encarnar en este plano, hubo decisiones que se tomaron, entendiendo que venimos a hacer lo que nos entrega sentido. Entonces, nuestra “misión” comienza a manifestarse.
Un tercer paso es descubrir qué tipo de ayudas tenemos desde otras dimensiones de la realidad.  Maestros espirituales, seres de luz, ángeles, familiares fallecidos, nos pueden asistir, ayudar, guiar y hacer que nosotros lleguemos a realizar nuestras tareas y a cumplir nuestros propósitos, entonces podemos desarrollar meditaciones con ellos para generar un contacto más íntimo. También podemos pedirles que se nos revelen a través de los sueños  o simplemente que nos ayuden a significar el día a día con la sincronía y con la sabiduría de que somos parte de un “Todo Mayor”, donde constantemente podemos recibir señales y revelaciones, siempre y cuando estemos abiertos a que eso suceda.
Finalmente el proceso consiste en que nos vamos tornando más amorosos con nosotros mismos, con nuestro prójimo, con nuestro entorno y con todo lo que nos rodea, conduciéndonos hacia una “aceptación” de nuestras elecciones.
En mi experiencia como psicoterapeuta y canalizadora, todos estamos en este plano material para aprender, para evolucionar, para internalizar experiencias y “ascender” en nuestro crecimiento espiritual. Depende entonces de nuestras decisiones, si de paso, nos iluminamos en algo, tomamos más consciencia, nos expandimos, nos hacemos más amorosos, el aprendizaje entonces es más claro, más dulce, más feliz y poderoso.


La canalización (Channeling)        
Por Ps. Ana María Schindler

La Canalización a lo largo de la Historia

El hombre, a lo largo de toda la historia y en todas las culturas, se ha interesado en responder a inquietudes existenciales como: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué vinimos a realizar a este plano? ¿Existen vidas anteriores? ¿Somos guiados por existencias etéreas, fuera de este plano terrenal? ¿Qué sucede después de la muerte física?
Desde la prehistoria podemos advertir la creencia en el espíritu o alma, esencia del individuo, entendiendo que ésta, trasciende a la muerte física. La comunicación con seres fallecidos, como en los antiguos cultos, la creencia y la comunicación con diversas fuerzas de la naturaleza y con Dioses que personifican aspectos de ésta. La recepción de mensajes que conducen a la sanación y  a estados místicos, cuyo resultado permite un incremento del entendimiento.
En los grupos de las culturas primitivas suele haber una persona a la que se le conoce como el chamán, el sanador, el consejero o el sabio. Esta persona es el intermediario entre sus semejantes y lo espiritual.
En Egipto es donde se empezó a utilizar el trance para alcanzar estados místicos y el diálogo con los Dioses. Los griegos relacionaban la canalización con la profecía o “manteia”. Platón escribió en “La República” y en “Las Leyes” que “la profecía, es la más noble de las artes”.
El concepto de musa es básico en la canalización. En la mitología griega, las musas eran Diosas que inspiraban la creatividad humana. En diversos relatos clásicos, la musa le dicta al poeta su composición. Los griegos afirmaban que las musas eran una manera de entender que existen fuerzas externas que apoyan ciertas actividades si se está en armonía con ellas.
Con la aparición del monoteísmo se puede considerar a Moisés como el primer canal que se convirtió en profeta de Yahvé. Le siguieron David, Salomón, Samuel, Daniel, Elías, Eliseo, Ezequiel, Jeremías, Isaías, Juan Bautista y otros a lo largo del milenio antes de Cristo. Ellos también manifestaron “el mundo del Señor vino a mí, para decirme….” También oyeron voces y tuvieron visiones de forma clarividente que creían provenir directamente de Dios.
La tradición islámica comenzó a principios del siglo VII d.C. cuando el profeta Mohammed recibió un abundante y variado material visionario de la divina presencia de Alá. En este sentido, Mohammed concordaría con la descripción de canal. Recibió enseñanzas por medio de sueños, visiones y voces, se dice que un ángel con forma humana llamó a Mohammed y le enseñó una escritura que podía recordar y leer más tarde aún siendo éste analfabeto. Gran parte de los libros del Corán son resultado directo del material canalizado por Mohammed.
En el siglo XVIII el científico sueco Emanuel Swedenborg, escribió que a los 56 años comenzó a tener visiones, a oír voces y que recibía la visita de ángeles para conducir su cuerpo espiritual al terreno de lo no físico, que incluía el cielo y el infierno. En el prefacio de su libro Heaven and Hell dice: “El clérigo de nuestros días no sabe casi nada del cielo, del infierno o de su propia vida después de la muerte”.
A mediados del siglo XIX, en la era espiritista, la canalización recibió el nombre de mediumnidad, los canales eran médiums. En esta era se produjo una reacción contra la visión del mundo materialista y racionalista, el de la Ilustración, que había predominado desde el siglo XVII. En esta era se produjo una apertura hacia las realidades trascendentales y no materiales.
En la literatura no encontramos consenso entre “canalización” y mediumnidad”, algunos sostienen que son sinónimos, mientras que otros establecen una distinción entre los términos. La mediumnidad se limita a la comunicación con los muertos, en cambio la canalización abarca la comunicación con otros tipos de consciencia más allá de la realidad física. Todo el material canalizado en esta era, describe la naturaleza espiritual de los seres humanos y de todo el universo. Los mensajes entregan sugerencias para vivir una vida más plena, en concordancia con las verdades de esta amplia realidad espiritual. Como también se puede recibir orientación para problemas cotidianos e intrínsecamente terrenales.
Por último, la historia de la Humanidad está marcada por ciclos periódicos, de un movimiento que va hacia el campo de lo físico como realidad principal, y otro que busca realidades espirituales o internas.
En el siglo XX y el actual podemos encontrar algunos canales notables, como por ejemplo Edgar Cayce, canal norteamericano, que luego de perder la voz de manera misteriosa, un médico le sugirió que se autohipnotizara para recuperarla. De esta manera Cayce podía “ver” en los cuerpos distantes de otras personas que buscaban su diagnóstico y consejo sobre la salud.
Cuando tiene lugar un movimiento en la consciencia, el yo superior es capaz de “ver”, “sentir” y “oír” más allá de lo que ahora percibimos como espacio y tiempo. Las experiencias de Cayce, describen este tipo de movimiento de la consciencia y de la percepción  en otras dimensiones.
También tenemos la trilogía de Neale Donald Walsh, “Conversaciones con Dios” (2001) donde un hombre común y corriente, angustiado y conflictuado con su propia vida, comienza a recibir mensajes de sabiduría y amor profundos, Dios le dicta y responde a sus preguntas, lo que se transforma en un diálogo que dura 3 años, convirtiéndose en una trilogía de gran significado. El primer volumen trata principalmente temas personales, centrado en los desafíos y oportunidades de la vida de un individuo. El segundo se ocupa de temas más generales, relativos a la vida geopolítica y metafísica del planeta, además de los retos a los que se enfrenta hoy el mundo. El tercero aborda las verdades universales de orden superior, así como de los desafíos y oportunidades del alma.
En esta misma línea, no podemos dejar de mencionar, Un Curso de Milagros, que ha inspirado la obra del conocido Gerald G. Jampolsky; Ramtha, 1998, textos canalizados por J.Z. Knight y editados por S.L. Weinberg , cuyo contenido afirman haberles sido dictado por una voz interior identificada como Jesús.
En el ámbito de la terapia, el Proceso Fischer-Hoffman, con el cual han trabajado renombrados psiquiatras del medio chileno, como Claudio Naranjo, Arturo Mardones y Arístides Rojas, es un procedimiento revelado por Fischer a su amigo Hoffman en 1967, después de fallecido. Este proceso se realiza como una terapia intensiva que, en ocho días, ayuda a desarmar los condicionamientos negativos de la infancia, dolor y sufrimiento, que crean bloqueos y limitan el desarrollo en la vida adulta. La respuesta sana a ese dolor es el perdón y el amor a los padres. Robert Hoffman, a quien se describe como un “sanador espiritual”, fue quien creó esta terapia a fines de los 60 en California. En 1972, junto al siquiatra chileno Claudio Naranjo, empezó a aplicarla en grupo y en 1985 la reformuló: estableció el formato actual de 7 días y medio y la llamó Proceso Hoffman de la Quadrinidad porque, según él, los seres humanos tenemos cuatro dimensiones que deben trabajarse en conjunto: física, emocional, intelectual y espiritual.
En la literatura sobre la canalización hay consenso respecto a la existencia de niveles, dimensiones o planos de la realidad. En  relación a los niveles más elevados y sutiles del plano físico tal como lo conocemos, la literatura teosófica de Blavatsky, la antroposófica de Rudolf Steiner,  la Rosacruz y los canales relacionados con este tipo de literatura afirman que hay un plano etéreo de energía sutil que actúa como una plantilla para la organización de estructuras físicas como la de nuestros cuerpos. Hay un plano astral dentro del cual se localiza la realidad emocional. Un plano mental, donde se encuentran todas las formas de pensamiento y un plano causal donde se produce la intencionalidad. Más allá del causal, hay un número de planos espirituales, que comprenden la voluntad, la sabiduría, el poder y el amor, que se aproximan a la fuente de “todo lo que es” Todos estos planos operan e interactúan de manera interrelacionada con una sucesión causal que fluye desde los planos más altos hasta los más bajos o densos, donde se encontraría el plano material.

¿Qué es la canalización?
Canalizar es el proceso de recibir información o inspiración, desde planos más allá de nuestra realidad física. Existen muchas formas de canalización, tales como la canalización vocal en trance y los oráculos (utilizando herramientas como el tarot y las runas.) Aún las formas más simples de creatividad, pueden considerarse como canalizaciones: composiciones musicales, danza y movimiento, y manifestaciones artísticas. La fuente específica de inspiración canalizada, no es tan significativa como el regalo que es traído a esta realidad.
¿De dónde viene la canalización? Muchas personas han escuchado acerca del proceso de canalizar guías espirituales, ángeles, extraterrestres y maestros ascendidos. Pero el aspecto más importante de la canalización es, quizás, la habilidad de la persona para conectarse con su propia energía espiritual o Ser Superior. Sin esa habilidad, el proceso de conexión con los guías espirituales parecería bidimensional o superficial. Conforme desarrollamos la relación con nuestro Ser Superior (y por consiguiente cuando nos comprometemos con nuestro proceso de crecimiento personal), el universo cobra vida con la conciencia que nos ayuda a aprender las maravillas de Dios.
El proceso de canalización sólo puede ser tan claro como el canal. Para lograr claridad, el canal debe comprometerse a un viaje de intenso crecimiento y descubrimiento personal.
Cada canal es único. Tal como los estilos musicales, el canal y su guía aprenden a crear una sinfonía de ideas y experiencias para quien escucha. Cada canal tiene su propio estilo.
La canalización es una instancia en que la persona receptora entra en un estado de conciencia diferente, en el que recibe información desde otros niveles o planos respecto a un tema preciso o respecto a lo que desee aparecer en ese momento desde esos otros niveles.
La mejor manera de aprovechar una sesión de canalización es buscar orientación en nuestras vidas o en distintos aspectos de ella. Quien canaliza requiere de una profunda intención de servicio y ayuda para con el otro. Desde nuestro estado superior y más expandido, se encuentra información que puede ser útil escuchar respecto de quiénes somos esencialmente, cuál es nuestro potencial y qué actitudes pueden ayudar a que nos acerquemos a ese potencial.


Como recomendaciones, creemos que se puede aprovechar mejor la experiencia de canalización si el consultante llega con una inquietud relativamente clara y no sólo por "curiosear". La claridad de intención ayuda a focalizar las energías en cuanto a obtener respuestas más claras y profundas. También es importante no pensar que la sesión, por sí sola, va a solucionar la propia vida: más bien, constituye una oportunidad de obtener claridad en cuanto a la dirección en la cual implementar cambios.
La profundidad de una buena sesión de canalización puede tener el efecto de varias sesiones de psicoterapia, por cuanto puede reorientar de fondo aspectos claves de nuestras vidas.

La Psicología Transpersonal
La Psicología Transpersonal considera que la psique es multidimencional. Existen diversos "niveles de conciencia" y cada uno tiene diferentes características y se rige por distintas leyes.
Por ello se la debe considerar como una cuestión de contexto. La terapia trabaja según el nivel de conciencia en que se encuentre el paciente conservando la conciencia del espectro total de la existencia. El psicólogo transpersonal detecta el nivel de conciencia del paciente y lo ayuda a superar los conflictos propios de ese nivel, estando alerta y dispuesto a seguir al paciente hacia nuevos niveles experienciales a medida que se van presentando. “El terapeuta transpersonal se ocupa de todos los sucesos que emergen a lo largo del proceso terapéutico, incluidos los asuntos mundanos, los datos biográficos y los problemas existenciales. Lo que en realidad define la orientación transpersonal es el modelo de la psique humana que reconoce la importancia de las dimensiones espirituales o cósmicas y el potencial evolutivo de la conciencia”, afirma Stanislav Grof.
Anthony Sutich y Abraham Maslow, a quienes se podría presentar como los padres de la psicología transpersonal aseguran que se trata del estudio científico empírico, y la implementación responsable de los hallazgos relevantes para las metanecesidades de la especie y del individuo, el llegar a ser, los valores últimos, la conciencia unitiva, las experiencias límite, los valores, el éxtasis, la experiencia mística, el temor, el ser, la autorrealización, la esencia, la maravilla, la felicidad, el significado último, la trascendencia del yo, el espíritu, la singularidad, la conciencia cósmica, la sinergia individual y de la especie, el encuentro interpersonal máximo, la sacralización de la vida diaria, los fenómenos trascendentales, el humor del yo cósmico y el sentido del juego, la percepción sensorial máxima, la expresión y la sensibilidad, conceptos, experiencias y actividades relacionadas.
No cabe la menor duda, de que entre los aspectos relevantes de su alcance y fundamentos se encuentra la naturaleza del ser, sus terapias, nuevas formas de aprendizaje, valores humanísticos, que para los estudiosos del comportamiento pueden ayudar a incrementar su mundo cognitivo y entender de otra forma el nuevo paradigma.

Los valores superiores y los impulsos que nos inducen a perseguirlos forman parte intrínseca de la naturaleza humana; reconocerlo es absolutamente necesario para que cualquier teoría de la personalidad humana sea significativa.
Lo que caracteriza al terapeuta transpersonal es el contexto; el paciente es quien determina el contenido. El terapeuta transpersonal se ocupa de todos los sucesos que emergen a lo largo del proceso terapéutico, incluidos los asuntos mundanos.

La orientación transpersonal es el modelo de la psique humana que reconoce la importancia de las dimensiones espirituales o cósmicas y el potencial evolutivo de la conciencia